domingo, 3 de julio de 2011

BARRANCO DE LAS PALOMAREJAS (02/07/2011)

Llega el mes de Julio y todo el mundo pone pies en polvorosa.
Tras la última salida del grupo, yo me había quedado con ganas de rematar con una ruta de agua.
Recordaba con alegría las veces anteriores que había disfrutado de este precioso rincón en las proximidades del embalse de Benagéber.
Como quien más o quién menos tenía ya sus planes hechos para este sábado y alguna baja de última hora, solamente nos aventuramos MªÁngeles y el menda. Un verdadero placer por mi parte el sentirme acompañado por ese encanto de mujer que es MªÁngeles. Lo siento por los que no pudieron venir...ellos se lo perdieron.
Aunque bien pensado...le daremos otra oportunidad, el río siempre estará ahí.
Se accede al lugar por la carretera CV-390 desde Utiel (mi pueblo) y que va hasta el embalse de Benagéber. Tras unos 20 km. tomaremos un desvío a la izquierda señalizado como Villanueva. Es una pista asfaltada que deja de estarlo para convertirse en pista de tierra. Rechazamos los desvíos y siempre de bajada, tras 8 o 9 kilómetros llegamos a la zona del Charco Negro. Un puente cruza el arroyo Regajo. Buena zona para dejar los vehículos. La pista continúa, bien hacia la derecha y nos lleva al área de recreo del Charco Negro a unos 200metros. (hay que cruzar un puentecillo de madera), o bien continuamos hacia las Casas del Charco Negro, un poco más arriba.
Una vez ubicados, toca enfundarse el bañador, bikini, neopreno para los más frioleros o en pelota picada (no muy recomendable). Unas viejas zapatillas y una camiseta completan el equipo básico. Si se dispone de equipos apropiados (bolsas estancas y cámaras acuáticas), ya es el colmo. Como no fue mi caso, no hay constancia gráfica del recorrido por el agua. Eso queda en nuestra retina para siempre ¿a que sí MªÁngeles?.
Desde el aparcamiento, tomamos el camino, paralelo al arroyo, hacia la izquierda, es decir aguas arriba. Está señalizado como PR-CV 124.4. Seguimos por ahí y tras algunos tramos de senda (cuidadín con los rosales y ortigas, que vamos casi casi en pelotas) y algún vadeo del arroyo, siempre remontando su curso (calculo 1 km.), abandonamos el PR y nos internamos de lleno en el cauce.
Son las 11 de la mañana y el sol comienza a picar. Nos armamos de valor para el primer chapuzón...y para dentro!!!. El agua está fresquita (jejejeje) y sobre todo limpia y transparente. El río viene con bastante nivel (realmente siempre lo he visto así). Sólo se trata de remontarlo poco a poco, saboreando cada rincón. Conforme avanzas, las paredes se estrechan y dan más espectacularidad al paraje. Alternamos zonas de más profundidad, toca nadar, con otras con el agua por las rodillas.
 Aparecen las primeras cascadas que toca remontar como buenamente podamos, aunque no representan mucha dificultad. Troncos arrastrados por las crecidas quedan encajados en las zonas más estrechas (llevan muchos años allí) y nos ayudan a superarlas.
Hay que recrearse en todos los recodos ,saltos, o pozas que van apareciendo. Cuando las paredes se estrechan hay que mirar hacia arriba y deleitarse con la vegetacion que se agarra en las rocas. Solamente hay una cascada que entraña más dificultad para su remonte, pero con un poco de maña en los agarres se supera.
A destacar la presencia de fauna acuática, muchos peces (no se si barbos o truchas) y un par de preciosos sapos que nos saludaron.
Llegamos a un punto en el que el cauce se abre, vuelve a aparecer la vegetación de ribera. Es el punto de retorno.
Descansamos unos minutos al sol para recuperarnos del esfuerzo y de las emociones, a la vez que recuperamos nuestra temperatura corporal.¡Que bien se estaba al solecito!.
Ahora toca retornar al agua y descender. Es un enfoque distinto, las cascadas que antes había que esforzarse para remontar, ahora te deslizas por ellas. Es el momento de disfrutar con las profundas pozas. Buscas unas rocas para saltar y ...¡ale hop! ... chapuzón al canto. Así entre chapoteos, saltos y un montón de risas, llegamos al final.
El soleado paseito hasta el coche nos sirvió para secarnos y recuperar la temperatura.
En 2 horas y  media se puede hacer el recorrido (total son unos 7 km. ida y vuelta), aunque puedes extenderlo todo lo que desees, el lugar bien lo merece.
Nos cambiamos de ropa y nos hicimos un aperitivo-comida, al cobijo de las choperas del área recreativa del Charco Negro. Un brindis con cava fresquito por nosotros y por los que se lo perdieron, fue el remate ideal a  una jornada de verdadero lujo, por el lugar y ,sobre todo, por la compañía. ¡Muchas gracias MªÁngeles!
Disfrutamos como niños!!!
Volveremos para enseñaros este precioso rincón, a ser posible en veranito y cuando apriete el calor, como fue en esta ocasión.



A tener en cuenta:
-  Ni se os ocurra hacer esta ruta con lluvia  o tormentas recientes. El cauce puede venir bastante crecido y no tiene ,prácticamente, escapatorias.
- Aconsejable llevar buen calzado.
- Indispensable llevar la cantimplora con agua.
- Recomendable bolsas estancas y cámara (Buaaaa!!!, no fue mi caso).
- Recomendable en verano y para todas las edades (no veas como se lo pasan los críos).

4 comentarios :

Dani(Ayvoy!!!) dijo...

Hola Paco,tiene muy buena pinta este recorrido,como en verano nos hemos planteado hacer solo rutas que tengan agua,me la apunto,eso si, según cuentas esto es casi más barranquismo que senderismo ¿sabes si esta equipado para rapelar o algo?

Un saludo.

Anónimo dijo...

Decir que fue preciosa es muy poco, una maravilla, a la par que divertida! Os echamos tanto de menos a los que no pudísteis venir! Espero que hayáis empezado un feliz verano. Gracias Paco, por la ruta, y sobre todo, por el regalo de tu amistad. Mª Ángeles.

xenaia dijo...

Seguro que disfrutasteis de la ruta un montón!!! con este calor apetece estar en el agua :)
Saludos,

Anónimo dijo...

Qué envidia (sana) me ha dado al leer tu crónica. Ahora me arrepiento de no haberme apuntado, con lo que me gusta el agua.....pero...tienes que repetirla!!!! Un gustazo ver lo bien que os lo pasasteis, cómo disfrutasteis y lo bien que os lo montasteis. Un beso de Vte. y Mª José